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Eneko: la vida en el √ļtero. 2¬™ parte.

Como lo prometido es deuda, aqu√≠ os dejamos ¬†la 2¬™ parte de este gran relato de Cristina Cort√©s, donde nos sigue narrando la vida en el √ļtero materno. Creo que todas las futuras mam√°s y pap√°s deber√≠an leer la historia para tomar conciencia de lo que su forma de vida implica para el desarrollo del feto ¬†y del futuro beb√©. Adem√°s esta toma de conciencia les permitir√° disfrutar m√°s y mejor del embarazo.

‚ÄúEn el s√©ptimo mes de embarazo la vida de los dos cambi√≥. Salvo las primeras semanas en las que se sent√≠a f√≠sicamente agotada, Lidia hab√≠a compaginado estupendamente bien su vida laboral y su embarazo. Su ni√Īo la llenaba de energ√≠a. La empresa donde trabajaba era peque√Īa y desde hacia un tiempo no estaba pasando un buen momento. Un d√≠a su jefe apareci√≥ con muy mala cara y anunci√≥ que la empresa hab√≠a quebrado. Desde el momento en que Lidia recibi√≥ la noticia del despido se instal√≥ en elle una preocupaci√≥n flotante que no le permit√≠ pensar en otra cosa. Hac√≠a cuentas y m√°s cuentas, y los n√ļmeros no parec√≠an cuadrar con sus planes. Se hab√≠an cambiado de casa, ten√≠an programadas una serie de reformas y desde luego no hab√≠an contado con su despido. La idea de no encontrar trabajo nublaba tambi√©n su mente. Estaba entrando en bucle, en una rumiaci√≥n insana que la sumerg√≠a en un estado de agobio y sensaciones angustiantes que se retroalimentaban entre ellas. Ten√≠a que ser capaz de romper ese bucle. Se daba cuenta de que no ten√≠a ning√ļn sentido obsesionarse y pensar ahora, precisamente ahora, cuando ten√≠a otras cosas de las que ocuparse, en que todos esos sue√Īos que hab√≠a ido proyectando y de los que no hab√≠a sido consciente sobre la vida que hab√≠a ideado para Eneko, quiz√° no se cumplieran. Intentaba decirse a s√≠ misma, ‚Äúpero vamos, deja ya de pensar en eso, ¬Ņqui√©n te garantizaba antes que se fueran a cumplir?‚ÄĚ. Lidia sab√≠a que se estaba dejando arrastrar por sus miedos y pensamientos irracionales. Se llevaba la mano a la tripa con preocupaci√≥n y tomaba conciencia de que hab√≠a dejado de cantarle a su ni√Īo, y esto s√≠ le preocupaba de verdad.

Eneko percibi√≥ que algo andaba mal una fracci√≥n de segundo m√°s tarde de que su madre recibiera la noticia. Primero fue la aceleraci√≥n del ritmo del tic tac. Al principio crey√≥ que pasar√≠a como otras veces y que, al rato, todo se normalizar√≠a. Pero est vez no ocurri√≥. Percibi√≥ que algo hab√≠a cambiado, lidia se alejaba. La voz era la misma pero sonaba distinta y ya no le acog√≠a y calmaba. Ya no hab√≠a momentos de sosiego y tranquilidad. Ya no hab√≠a caricias en la tripa ni canciones bonitas. Lo √ļnico que pod√≠a hacer Eneko era moverse y dar patadas en se√Īal de protesta, llamar la atenci√≥n de su madre de alguna manera; ‚Äú¬°eh, que sigo aqu√≠!, no te olvides de que mi entorno depende de ti‚ÄĚ.

Lidia notaba a su hijo moverse inquieto. Mientras m√°s se enredaba en sus pensamientos, m√°s intensas eran las patadas de Eneko. La respuesta de Eneko acrecentaba su malestar porque la hac√≠a sentirse responsable, ‚Äú¬Ņc√≥mo era posible que nadie la hubiera avisado de esto?‚ÄĚ. Hasta entonces hab√≠a sido f√°cil asumir esa interrelaci√≥n con Eneko, todo flu√≠a bien y no era tan costoso asumir que ese peque√Īo renacuajo fuera influenciado por sus emociones. Pero ahora las cosas no estaban sucediendo como esperaban, se sent√≠a responsable por no estar disponible, por no estar pendiente de √©l. Deb√≠a lograr calmar su mente y no enmara√Īarse en esa cascada de preocupaciones que la asaltaban.

Aquella sensación de sosiego y calma parecía haberse perdido y a cambio, aparecía este nuevo estado de inquietud y preocupación que llegaba a través del torrente de hormonas de su mamá. Su entorno iba sumergiéndose en este estado de desasosiego y él tendría que bucear en esas aguas.

El papá de Eneko también se encontraba un poco desorientado. No sabía cómo calmar a Lidia. Le repetía de todas las formas que se le ocurría que no pasaba nada grave, que no se preocupara, que aunque hubiera perdido el trabajo saldrían adelante. Pospondrían las obras programadas para la casa. De hecho, pensándolo bien, era una locura emprender esas obras cuando Eneko estaba a punto de desembarcar en su hogar.

Ahora lo importante era el proyecto com√ļn que ten√≠an entre manos y ella deb√≠a dedicarse a descansar y prepararse para la inminente llegada de Eneko. Ten√≠an que poner en pr√°ctica los recursos que cono c√≠an para pacificar su mente. Mikel animaba a Lidia a respirar profundamente imagin√°ndose que, en cada inspiraci√≥n, entraba en su cuerpo una r√°faga de aire di√°fano y fresco que despejaba su mente y que, al expirar, las nubes grises se disipaban. Y c√≥mo ese frescor llegaba hasta su √ļtero y mec√≠a y relajaba a Eneko.‚ÄĚ